Petalos de María

La visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, el país de mi nacimiento, el país que abandonamos en el 1966 en busca de la libertad, ha sido un evento emocionante para los cubanos y cubano-americanos; miramos su peregrinación desde lejos, ansioso de estar presente con el Santo Padre en este Año de Jubileo Mariano.

Mi identidad como cubana esta envuelta en el manto de La Virgen de la Caridad.

No puedo pensar en Cuba sin pensar también en la virgencita … es mi compañera, mi amiguita, un recuerdo de una tierra que apenas recuerdo. Cuando encuentro la imagen en algun lugar inesperado me da alegría espontánea. Despues de mayor, descubrí que uno de sus títulos es causa de nuestra alegría.

Dondequiera que estaba, el niño Jesús estaba también, recostado en sus brazos. De niña, nunca puse atención al objeto en su mano derecha, una cruz. Esta yuxtaposición de la Encarnación y Crucifixión, la dicotomía de alegría y sufrimiento humano, me dice volúmenes hoy.

La historia de Cuba es también una dicotomía, una historia resplandeciente con la belleza natural de un paraíso y una gente llena de alegría que contrasta con períodos de opresión y abuso. En todo esto, La Virgen ha permanecido presente.

Hace 400 años, cuando tres hombres jóvenes encontraron la imagen de Nuestra Señora de la Caridad flotando en la Bahía de Nipe, no podían haber sabido que significativo este simbolismo sería 400 años más tarde. La Virgencita vino a estos hombres, a la gente cubana, en una etapa cuando la dignidad de la persona humana estaba bajo el asalto por un sistema de la esclavitud cruel.

Muchas historias y leyendas abundan acerca de La Virgen. Algunas cuentas afirman que había una tormenta en el mar cuando ella fue encontrada. Los otros describen la estatua que milagrosamente desaparece de capillas construidas para honrarla. Hoy, esta pequeña estatua de madera reside en la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

Una verdad firme permanece: La Virgen María apareció en la provincia de Oriente, concocida como la parte más hermosa del país.

Tiene significado histórico. Es donde el primer establecimiento fue hecho. Es donde los esclavos fueron liberados. Es donde la Guerra de Independencia que establecio a Cuba como una república libre de la regla española comenzó.

Esta semana la visita apostólica de Benedicto XVI a Cuba comienza con su peregrinacion a Santiago de Cuba, para rezar antes de la imagen querida de Cuba, de Nuestra Señora de la Caridad, poniendo flores en los pies de La Virgen y encendiendo una vela, igual que miles de peregrinos han hecho durante siglos antes de él.

Este acto simple de veneración lleva un sentido profundo para los cubanos, tanto en Cuba, sufriendo de nuevo los asaltos contra derechos humanos y la dignidad, bajo el régimen ateo comunista, y aquellas generaciones que viven en el extranjero y sufren el dolor de aislamiento y exilio.

La peregrinación del Papa Benedicto en este Año de Jubileo Mariano no es la primera visita papal a Cuba.

Recordaran que en 1998, el Papa Juan Pablo II vino como mensajero de la verdad y esperanza en medio del ateísmo prevalentente en el país.

Hoy, fiesta de la conversión de San Pablo, el Apóstol Alcanzado por Cristo Jesús (Flp 3,12), que dedicó desde entonces sus energías a predicar el Evangelio a todas las naciones, termina la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que este año hemos celebrado bajo el lema “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8, 26). Con esta iniciativa, que comenzó hace ya muchos años y que ha adquirido una creciente importancia, no sólo se pretende llamar la atención de todos los cristianos sobre el valor del movimiento ecuménico, sino también subrayar de manera práctica e inequívoca los pilares sobre los que han de fundarse todas sus actividades. (Juan Pablo II, Mensaje en el encuentro ecuménico, Santiago de Cuba, 25 de enero 1998)

Hoy, catorce años más tarde, el Papa Benedicto viene a una nación que celebra los frutos de aquella primera visita, un país con una comunidad cristiana más estable. La Oficina de Prensa de la Santa Sede relata que la visita del Papa da “esperanza para los cubanos, que sienten que ellos están en el umbral de lo que es potencialmente una nueva época, en la cual las palabras del Papa Juan Pablo sobre la franqueza recíproca de Cuba y el mundo pueden ser realizado en un clima de desarrollo, libertad y reconciliación”.

Hace tres años, los obispos de Cuba organizaron una procesión de escala nacional, llevando a Nuestra Señora de la Caridad a cada provincia. La imagen querida de La Virgen fue llevada en procesión al aire libre, de pueblo en pueblo. Sin duda, fue causa de alegria para el pueblo cubana, pero también tenia que haber sido gran causa de alegria para la Virgen Maria, con el nino Jesús en sus brazos — el hombre-Dios que no sólo trae un mensaje alegre de la nueva vida, pero que también identifica cómo el sufrimiento y la muerte en la vida puede ser unida a su gloria.

El obispo Emilio Aranguren de la Diócesis de Holguin, explica, “El peregrinaje de la imagen de la Virgen por toda la Isla nos demuestra que Cuba no es atea. Pero en el Año Jubilar, la misión de nuestra iglesia es que Cuba sea cristiana”.

El tema de esta procesión y el Año de Jubileo Mariano es “A Jesús por María: La Caridad nos une”.

El juego en palabras con la caridad, que también significa el amor, permanece como un mensaje fuerte: Nuestra Señora de la Caridad unirá, a través del amor, la nación cubana que ha sido partida en la diáspora postrevolucionaria.

La oración del Papa Benedicto en el sanctuario nos da esperanza a pesar de esta separación:

Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su Patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos. También he suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad(Benedicto XVI, Palabras del papa en el santuario de Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, El Cobre, 27 de marzo 2012)  

La homilía del Papa Benedicto en Santiago de Cuba resuena con todos nosotros:

Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios. Amén. (Benedicto XVI, Homilia, Santa Misa, Santiago de Cuba, 26 de marzo 2012)

Más que la reunión de los corazones cubanos bajo el manto de cariño de La Virgen de la Caridad, la maternidad universal de María, Madre de Dios, procura unir a todos sus niños y traerlos más cerca a su Hijo.

traducción del artículo original, Entrusting Cuba to Caridad, en Patheos.com

 

 

Estoy fascinada con una imagen de la Virgen de Guadalupe. Esta colocada a la derecha del altar en la capilla de mi parroquia, solitaria, sin el fondo de sol brillante que asociamos con Guadalupe. Tiene las manos en posición de oración, con un vistazo dulce que pega con los colores serenos de sus batas. La calma y sencillez de su diseño me apacigua. Encuentro la paz en su presencia.

Soy cubana-americana, y como muchos hispanos, iconografía y joyas religiosas me atraen. Son más que objetos sacramentales, sino, objetos de arte. Nuestros iconos son brillantes, a menudo rústicos, primitivos, y saturados con una belleza que sobrepasa el objeto, especialmente en relación al cariño que le tenemos porque la imagen representa una devoción especial o identificación cultural.

Es fácil de interpretar ese cariño como idolatría, sobre todo debido a la atención que le demostramos. Sinceramente, es posible que haya a veces un poco de confusión supersticiosa, especialmente en personas que no hayan beneficiado de una catequesis fuerte. Reconozco, también, cómo estas idiosincrasias culturales, pequeñas pero significativas, quizás parezcan extrañas a nuestras hermanas y hermanos en Cristo que no comparten nuestra identidad cultural.

Pertenezco a una cultura que celebra la vida con música rítmica, perfumes, y cosas lindas. Nosotros los hispanos católicos abrazamos, apasionadamente, todos los símbolos de nuestra fe. Nos gustan estas imágenes porque hacen la fe presente en nuestras vidas cotidianas. Lo demostramos en nuestros hogares con altares elaborados y decorativos. Llevamos medallas y escapularios. Queremos a el rosario. He notado estas costumbres católicas en mis amigos norteamericanos también; la distinción quizás no es tanta en la devoción, sino—en la atención que le damos.

Tenemos una fuerte devoción a la Virgen Santísima. La reconocemos en la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre; en Puerto Rico, la Virgen de la Divina Providencia, y en México, la Virgen de Guadalupe.

Nuestra Señora de Guadalupe pareció hace 500 años en México, estableciendo una conversión que continúa hoy. Como patrona de las Américas, su alcance extiende más allá de fronteras. La presencia de Guadalupe continúa en nuestras vidas para unirnos todos y dirigirnos a su Hijo, Jesucristo.

La Virgen de Guadalupe pertenece a todos nosotros, pero nosotros también pertenecemos a ella, reunidos bajo la protección de su manto.

Eso es lo que pienso cuando me siento en la capilla, la luz natural que entra por la ventana atrás del altar iluminando la imagen de Guadalupe con rayos dorados en la mañana, completando lo que le falta a la imagen. Su manto es la protección tierna y segura de una madre.

La virgencita, bajo cualquiera de sus títulos, representa una parte profunda de mi identidad cubana-americana, construida alrededor de la matriarca. Es la madre entre los hermanos, tías y tíos, abuelos, padres, y aquellos amigos íntimos que consta lo que llamamos cariñosamente la familia. La Virgen María esta presente en mi vida al lado de mi madre, abuelas, tías, hermanas, y amigas — compartiendo conmigo las alegrías de ser mujer, y los sacrificios y dolores también.

Manteniendo a la Virgen María presente en mi vida, con recordatorios, imágenes, y medallas, me recuerda que no camino sola, sino, acompañada  por ella.

Ella mantuvo una casa. Crió a un niño. Hizo sacrificios. Adoró.

Adoró profundamente. Inequívocamente. Incondicionalmente. Y con abandono.

Le dijo a Dios, dando el modelo por el cual todos debemos vivir.

Pienso en todas esas cosas cuando estudio los detalles de la imagen y en la mujer que la imagen representa. Se parece a mí. Guadalupe exhibe características étnicas ambiguas para que todos podamos identificar con ella, así como ella ha escogido identificar con nosotros.

Mis ojos van a la cinta que lleva alrededor de su vientre, significando que está en estado. Guadalupe esta embarazada con el Verbo Encarnado – ella nos trae el Niño Jesús. En esa imagen dulce, nada más que una madera pintada, veo el mensaje claramente: María quiere llevarme más cerca a su Hijo, en quien toda la Vida reside.

Cuando rezo el Ave María, una oración tan sencilla, reconozco que en la virgencita querida vemos nuestra historia de salvación entregada antes de nosotros:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.

Bendita tú eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

 

Este artículo, Viva Guadalupe! Viva Life! se publicó originalmente en inglés en el portal católico de Patheos.com a la invitación de Pat Gohn en su columna A Word in Season

 

Hace tiempo que reflexiono sobre las gracias que he recibido rezando el rosario, pero encuentro que hoy, durante este día en que celebramos la vida con demostraciones para educar el publico, recuerdo aquellas gracias, y como me animan, refuerzan, y a menudo consuelan.

Yo podría decir que el rosario cambió mi vida. Quizás mejor dicho, el rosario salvó mi vida. Mi fe y mi falta de oración habían sido un desafío tibio durante muchos años. Mucho de aquel tiempo fue añorando una relación mejor con el Señor, pero realmente no sabiendo como proceder.

Cuando yo era niña en la escuela y veía a los grupos de niños que jugaban juntos y disfrutaban de los juegos, sabiendo que ellos probablemente me darían la bienvenida para jugar con ellos, pero yo era tímida y me sentía torpe, y por lo tanto nunca quize iniciar la amistad.

Pienso que Dios sufrió conmigo de la misma manera. Él deseaba una relación conmigo tanto como yo la buscaba. Pero fue mi debilidad, mi timidez, y aquellos sentimientos de la insuficiencia en no saber como rezar o que decir que me contuvo.

¿De coincidencia (son realmente coincidencias o sólo oportunidades de ver la mano de Dios en nuestras vidas?) en el mismo tiempo en que yo buscaba la manera de aprender a rezar, mi hija mayor asistió un retiro donde aprendió a hacer rosarios. Ella regresó llena del espíritu santo y me regalo el rosario qua habia hecho.

Su entusiasmo era contagioso. Los jovenes en ese retiro aprendieron a hacer rosarios con la idea que ellos deberían rezarlos después de hacerlos, y luego pasarlos a alguien más para crear una cadena de oración. Aquel rosario que me dió mi hija era bonito, pero también tenía el valor sentimental de haber sido hecho por ella. Yo desesperadamente quise rezar con el, pero no sabía. Era literalmente un misterio.

Tuve que buscar las direcciones, las oraciones, y el orden de los misterios. Tuve que usar mi librito de oraciones durante ese primer mes, pero entonces, se hizo más fácil y recordé más hasta que finalmente, yo era capaz de mantenerme enfocada para el Santo Rosario entero.

Maria me sostuvo durante aquellas primeras semanas. Nunca me rendí, gracias a Dios, y por eso recibí muchas más gracias del Señor. Es triste que tantas personas no entienden el rosario – tal vez piensan que es una alabanza dirijida a María, repetitiva y sin valor. Hay que clarificar. Entramos en la oración con María, que nos dirige en nuestras meditaciones cuando la exhortamos “ruega por nosotros.”

Ella nos lleva a su Hijo, Jesús, abriendo nuestros ojos a los misterios de su vida, desde la Anunciación hasta la Resurrección y más. Esta oración nos esa para María — es para nuestra salvación. Es una meditación sobre el milagro que es el amor de Dios. Es, de hecho, una de los oraciones más poderosas que conozco. Y puede ser suya, también. Abrácela. Apréndala. Y rézela.

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La música es una de las cosas que siempre me ha encantado. Desde que puedo recordar, había música en el ambiente, una maravillosa variedad de música que pareció levantar todo en nuestra casa. Me acuerdo que mi papa tenia muchos discos y los tocaba a menudo. Ahora si encuentro una de esas canciones queridas, respondo como si esto fuera una cuerda de mi propio corazón.

Aunque toco un poco de guitarra, no me gusta cantar y no tengo mucho talento para leer música, sin embargo, estoy rodeada de talento. Mi esposo tiene una voz encantadora y él todavía me dedica canciones con mucho cariño. Una de mis hijas toca flauta y marimba, otra tiene una voz pura y lindísima y también toca un poco de piano y guitarra, y mi hijo, como su padre, tiene un barítono profundo que se esta convirtiendo en un bajo. Es interesante que yo debería tener esta atracción a la música cuando soy simplemente fanatica, sin embargo, parece ser una parte natural de mi existencia.

Hace poco viajé 400 millas de ida y vuelta para oír a mi hijo en una interpretación especial de la Gloria de Vivaldi. En gran parte fui motivada por mi deseo de apoyar sus actividades. No puedo contar el número de conciertos a los que he asistido durante los últimos 18 años, pero la verdad es, yo caminaría 1000 millas para oír música hermosa.

Que afortunados somos de pertenecer a una tradición de fe que ha inspirado grandes obras musicales que también permanecen como parte de la celebración litúrgica. Decir que la Gloria de Vivaldi es sólo un concierto es disminuir la belleza de la obra como una oportunidad exquisita de la adoración.

El Catecismo de la Iglesia Católica se dirige a esta necesidad en las vidas de los fieles:

“La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne”(CCC 1156)

Las escrituras, también, nos exhortan a “recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Ef 5,19; cf Col 3,16-17). Somos llamados a expresar nuestro amor, nuestras emociones a través de la canción.

Por eso usamos expresiones que reconocen el poder de la música, expresiones como “la música calma a la bestia salvaje” y más, como una consecuencia de adoración, “Él que canta reza dos veces” – una frase usada tan a menudo que no se sabe el origen, a veces atribuido a San Francisco, y otras veces a San Agustín.

Cuando rezamos la Gloria en la misa es una exaltación, una expresión alegre, y aunque a veces esta recitado, se debe de cantar, lo mismo sea con la música de Vivaldi que una versión contemporánea. Ese canto contribuye a la liturgia sagrada porque esto une nuestras voces en acción de gracias y alabanza.

El canto y la música forman parte de mi alma. Claro que viajaré grandes distancias para cantar alabanzas a nuestro Dios.

Mi esposo y yo hemos adoptado recientemente una nueva rutina después del trabajo. Él está en la oficina antes de las seis de la mañana y yo estoy por lo general allí alrededor de las siete de la mañana. Cuando la mayor parte de personas estan terminado el almuerzo, nosotros estamos de camino a la casa.

A las cuatro de la tarde estamos pensando en la comida. ¿Cuándo nos convertimos en aquella gente que aprovechan el especial en el Cracker Barrel si comen antes de las cinco? ¡Jaja! Nuestros hijos se burlan de nosotros, pero nosotros mismos nos damos cuenta que somos la caricatura de la parejita viejecita.

Así es. Si comemos temprano, más pronto podemos sentarnos en nuestro pórtico y disfrutar del tiempo hermoso y nuestra adición reciente de un baño de ave y alimentador en el patio. Hemos adoptado una familia de cardenales que nos entretienen cantidad. Cada tarde nos sentamos a tomar café y mirar la actividad en el patio. También vemos algunas palomas, unos thrashers, y hasta un arrendajo azul.

Así descansamos después de un día largo en el trabajo. Esto también nos da la oportunidad de unirnos de nuevo y conversar sin la distracción de las responsabilidades.  Disfrutamos del buen tiempo y la tranquilidad de la naturaleza.  

Unidos en los silencios que sostenemos a partir de años de la intimidad, quizás resbalamos en nuestras propias mentes y corazones–estamos juntos, pero somos también de alguna manera solos con nuestros propios pensamientos, y a menudo ellos dan vuelta para preguntarse y apreciar el mundo que nuestro Dios ha creado.

San Agustín observó en sus Confesiones que “Os alaban vuestras obras para que nosotros os amemos; y nosotros os amamos para que vuestras obras os alaben.”

Puede ser siglos más tarde, pero experimento la misma maravilla que San Agustín tenía en la magnitud de la Creación y la magnitud de Dios! El catecismo de la iglesia católica nos dice que  “A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo “ (# 32). Qué maravilloso ser parte de Su Belleza.

Esto es una realización humillante, y pone nuestros días en perspectiva, cuando podemos ver que tenemos un lugar en este mundo como parte de la Creación de Dios.

El silencio en la casa me distrae. Oigo el zumbido de las luces cuando entro en un cuarto, y me encuentro encendiendo la TV o la radio para el ruido ambiental.

¿Qué pasó?

Experimento los principios de “el nido vacío”, una nueva etapa en mi vida que ha sustituido el juego y el altercado, los gritos de alegría, y a veces los gritos del fracaso.

Mis hijos ya casi son adultos. Una es definitivamente independiente, empezando una carrera militar; una se queda en casa asistiendo a la universidad, pero todavía probando sus alas (que significa, esencialmente, que nunca la vemos), y el bebé, entrando en el último año de la escuela secundaria, se encuentra lejos en un programa de verano universitario, e informó a mi esposo que si es todo igual a nosotros, él no va a molestarse en venir a casa para el fin de semana largo porque él “la esta pasando super bien”.

No se preocupen. Llego a esta nueva experiencia con un poco de alegría, una sonrisa, y un gran sentido de la calma. Descubro de nuevo mi relación con mi esposo, y también aprendo que los niños adultos son realmente encantadores, sólo de un modo diferente. Por lo menos, si ellos no limpian su cuarto ya no es mi problema.

Esto fue mi problema por muchos, muchos años, pero, prefiero no llamarlo un problema. Esto es un desafío, seguramente. Una responsabilidad. Un deber. Una vocación de cariño. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que:

La familia es la “célula original de la vida social”. Es la sociedad natural donde el hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se puede aprender los valores morales, comenzar a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad. (# 2207)

Estoy llena de esperanza, y rezo que acerté lo importante. Los miro con maravilla  y me pregunto si no hay una cosa más que pueda decir, una cosa más que pueda enseñarles, quizás un consejo más que ellos puedan ignorar hasta que lo necesiten. Tal vez no.

“El nido vacío” es un nombre poco apropiado. No es vacío — es lleno de memorias. Y la mejor parte de todo es que hay cuarto para darles la bienvenida.


  • Ninguna
  • eneida: Después de leer, lo que quiero decir es: amen. Soy portuguesa y desde niña que escucho que Maria nos pide para rezar el rosário, como si fuera una
  • Pat Gohn: Brava, Maria!
  • Marnie Falcón: Tu y yo compartimos su nombre y obviamente la misma devoción y amor. ¡Qué grande que nuestra Madre Santísima haya ido a nuestro continente! Con
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