Petalos de María

Caridad nos une

Posted on: marzo 31, 2012

La visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, el país de mi nacimiento, el país que abandonamos en el 1966 en busca de la libertad, ha sido un evento emocionante para los cubanos y cubano-americanos; miramos su peregrinación desde lejos, ansioso de estar presente con el Santo Padre en este Año de Jubileo Mariano.

Mi identidad como cubana esta envuelta en el manto de La Virgen de la Caridad.

No puedo pensar en Cuba sin pensar también en la virgencita … es mi compañera, mi amiguita, un recuerdo de una tierra que apenas recuerdo. Cuando encuentro la imagen en algun lugar inesperado me da alegría espontánea. Despues de mayor, descubrí que uno de sus títulos es causa de nuestra alegría.

Dondequiera que estaba, el niño Jesús estaba también, recostado en sus brazos. De niña, nunca puse atención al objeto en su mano derecha, una cruz. Esta yuxtaposición de la Encarnación y Crucifixión, la dicotomía de alegría y sufrimiento humano, me dice volúmenes hoy.

La historia de Cuba es también una dicotomía, una historia resplandeciente con la belleza natural de un paraíso y una gente llena de alegría que contrasta con períodos de opresión y abuso. En todo esto, La Virgen ha permanecido presente.

Hace 400 años, cuando tres hombres jóvenes encontraron la imagen de Nuestra Señora de la Caridad flotando en la Bahía de Nipe, no podían haber sabido que significativo este simbolismo sería 400 años más tarde. La Virgencita vino a estos hombres, a la gente cubana, en una etapa cuando la dignidad de la persona humana estaba bajo el asalto por un sistema de la esclavitud cruel.

Muchas historias y leyendas abundan acerca de La Virgen. Algunas cuentas afirman que había una tormenta en el mar cuando ella fue encontrada. Los otros describen la estatua que milagrosamente desaparece de capillas construidas para honrarla. Hoy, esta pequeña estatua de madera reside en la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

Una verdad firme permanece: La Virgen María apareció en la provincia de Oriente, concocida como la parte más hermosa del país.

Tiene significado histórico. Es donde el primer establecimiento fue hecho. Es donde los esclavos fueron liberados. Es donde la Guerra de Independencia que establecio a Cuba como una república libre de la regla española comenzó.

Esta semana la visita apostólica de Benedicto XVI a Cuba comienza con su peregrinacion a Santiago de Cuba, para rezar antes de la imagen querida de Cuba, de Nuestra Señora de la Caridad, poniendo flores en los pies de La Virgen y encendiendo una vela, igual que miles de peregrinos han hecho durante siglos antes de él.

Este acto simple de veneración lleva un sentido profundo para los cubanos, tanto en Cuba, sufriendo de nuevo los asaltos contra derechos humanos y la dignidad, bajo el régimen ateo comunista, y aquellas generaciones que viven en el extranjero y sufren el dolor de aislamiento y exilio.

La peregrinación del Papa Benedicto en este Año de Jubileo Mariano no es la primera visita papal a Cuba.

Recordaran que en 1998, el Papa Juan Pablo II vino como mensajero de la verdad y esperanza en medio del ateísmo prevalentente en el país.

Hoy, fiesta de la conversión de San Pablo, el Apóstol Alcanzado por Cristo Jesús (Flp 3,12), que dedicó desde entonces sus energías a predicar el Evangelio a todas las naciones, termina la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que este año hemos celebrado bajo el lema “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8, 26). Con esta iniciativa, que comenzó hace ya muchos años y que ha adquirido una creciente importancia, no sólo se pretende llamar la atención de todos los cristianos sobre el valor del movimiento ecuménico, sino también subrayar de manera práctica e inequívoca los pilares sobre los que han de fundarse todas sus actividades. (Juan Pablo II, Mensaje en el encuentro ecuménico, Santiago de Cuba, 25 de enero 1998)

Hoy, catorce años más tarde, el Papa Benedicto viene a una nación que celebra los frutos de aquella primera visita, un país con una comunidad cristiana más estable. La Oficina de Prensa de la Santa Sede relata que la visita del Papa da “esperanza para los cubanos, que sienten que ellos están en el umbral de lo que es potencialmente una nueva época, en la cual las palabras del Papa Juan Pablo sobre la franqueza recíproca de Cuba y el mundo pueden ser realizado en un clima de desarrollo, libertad y reconciliación”.

Hace tres años, los obispos de Cuba organizaron una procesión de escala nacional, llevando a Nuestra Señora de la Caridad a cada provincia. La imagen querida de La Virgen fue llevada en procesión al aire libre, de pueblo en pueblo. Sin duda, fue causa de alegria para el pueblo cubana, pero también tenia que haber sido gran causa de alegria para la Virgen Maria, con el nino Jesús en sus brazos — el hombre-Dios que no sólo trae un mensaje alegre de la nueva vida, pero que también identifica cómo el sufrimiento y la muerte en la vida puede ser unida a su gloria.

El obispo Emilio Aranguren de la Diócesis de Holguin, explica, “El peregrinaje de la imagen de la Virgen por toda la Isla nos demuestra que Cuba no es atea. Pero en el Año Jubilar, la misión de nuestra iglesia es que Cuba sea cristiana”.

El tema de esta procesión y el Año de Jubileo Mariano es “A Jesús por María: La Caridad nos une”.

El juego en palabras con la caridad, que también significa el amor, permanece como un mensaje fuerte: Nuestra Señora de la Caridad unirá, a través del amor, la nación cubana que ha sido partida en la diáspora postrevolucionaria.

La oración del Papa Benedicto en el sanctuario nos da esperanza a pesar de esta separación:

Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su Patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos. También he suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad(Benedicto XVI, Palabras del papa en el santuario de Nuestra Señora de la Caridad de El Cobre, El Cobre, 27 de marzo 2012)  

La homilía del Papa Benedicto en Santiago de Cuba resuena con todos nosotros:

Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios. Amén. (Benedicto XVI, Homilia, Santa Misa, Santiago de Cuba, 26 de marzo 2012)

Más que la reunión de los corazones cubanos bajo el manto de cariño de La Virgen de la Caridad, la maternidad universal de María, Madre de Dios, procura unir a todos sus niños y traerlos más cerca a su Hijo.

traducción del artículo original, Entrusting Cuba to Caridad, en Patheos.com

 

 

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